GUSTAVO ADOLFO BECQUER


Biografia y obra

Resumen Leyendas | El monte de las Animas | La cruz del diablo | La venta de los gatos

Gustavo Adolfo Becquer,foto Gustavo Adolfo Becquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Su verdadero nombre era Dominguez Bastida. Su padre, Jose Maria Dominguez Insausti, pintor costumbrista con buena clientela entre los extranjeros, desempolvó un viejo apellido de la familia lleno de resonancias nórdicas: Becquer, Vequer o Becquer. Los Becker, procedentes de Flandes, se establecieron en Sevilla a fines del siglo XVI y ocuparon un lugar destacado en la vida de la ciudad durante varias generaciones. La costumbre de don Jose Maria fue continuada por sus hijos, que fijaron la vacilante ortografía del apellido en la forma con que la conocemos: Becquer. Su madre se llamaba Joaquina Bastida Vargas.

El hogar de los Becquer fue muy prolífico: nacieron ocho hijos. De ellos, Valeriano, nacido en 1883, fue inmediatamente mayor al poeta y con el que mantuvo una más estrecha relación hasta su muerte.

Sobre los Becquer pesa una trágica tradición: todos los Becquer varones mueren jóvenes. El padre del poeta murió en 1841 a los 35 años de edad. Más o menos tendrán la misma edad Valeriano y Becquer cuando les llegará la hora de morir.

La situación de la familia, que hasta entonces era desahogada, se convierte en dificil. La madre hizo frente a la situación como bien pudo, pero murió seis años mas tarde, cuando Becquer acababa de cumplir once años. Becquer ya llevaba un año como alumno interno y gratuito en el colegio de San Telmo, y alli conoció a Narciso Campillo con el que emprende los primeros ensayos literarios. Ese mismo año fue cerrado el colegio.

Se hizo cargo del huérfano su madrina, doña Manuela Monnehay, casada hacia dos años y sin hijos. Sus hermanos se supone que fueron recogidos por don Juan de Vargas, a quien llaman tío. Esa fue una época de intensas lecturas para el joven Becquer: novelas de Chateaubriand, de madame Staël, de D´Arlincourt, de George Sand y de Balzac; poesías de Lord Byron, Musset, Victor Hugo, Lamartine, Espronceda... Libros encontrados en la biblioteca romántica de doña Manuela. En 1849, vuelve a reunirse con sus hermanos en el hogar de los Vargas.

Durante esos años, el joven Becquer lleva una vida aislada y muy imaginativa, recluído de lleno en sus lecturas. Desde 1849 a 1854, en que se trasladó a Madrid, Becquer asistió como aprendiz al taller de Antonio Cabral, pintor y discípulo del padre de Becquer, y después al lado de su tío Joaquin, también pintor, que le desvía de sus posibles intenciones por este camino. Seguía siendo buen amigo de Narciso Campillo, con el que intercambiaban sus ideas sobre el arte, proyectos e ilusiones. De su aprendizaje como pintor quedará, aparte de una afición a utilizar el dibujo como expresión, que se mantuvo durante toda su vida, una especial manera de saber ver que encontraremos en sus descripciones constantemente.

En 1854, Becquer se fue a Madrid lleno de ilusiones y proyectos, con 18 años y sin más dinero que "treinta duros que le había dado su tío" (Nombela). En los primeros años de su estancia en Madrid, Becquer aprenderá mucho y definirá su personalidad literaria, sobre todo en los poemas. Trabajaba en los cafes. Hizo muchas amistades: Rodriguez Correa, Julio Nombela, Jose Casado del Alisal... Con Luis García Luna colaboró en diversas obras para el teatro que firmaban con el nombre de Adolfo García.

En 1885, su madrina muere por el cólera en Sevilla. Y en 1875 o en 1858 (no está claro) él mismo enfermó. Durante su convalecencia, se enamoró de una joven que cela su paso discretamente desde el balcón. Hasta 1859, en la que aparece su rima más antigua, Becquer parece absorvido por la "Historia de los Templos de España". Para tener el sosiego necesario, acude al periodismo, interviniendo con sus amigos en la publicacion del semanario El Mundo. Pero el semanario no pasó del primer número y apenas circuló. También intervino en la renovación de La España Musical y Literaria, que fue otro fracaso.

Tambien se enfrascó en la aventura del teatro, pero sin una verdadera vocación. También aceptó un pequeño puesto en las covachuelas ministeriales. Pero según cuenta su amigo Rodriguez Correa "tratóse de hacer un pequeño arreglo en la oficina, y el director quiso averiguar por sí mismo la idoneidad y el número de los empleados, visitando para ello todos los departamentos. Gustavo (Becquer) entre minuta y minuta que copiaba, o bien leía alguna escena de Shakespeare, o bien la dibujaba con la pluma, y en el momento en que el director entró en su negociado hallábase él entregado a sus pensamientos... El director se unió al grupo, y despues de observar atentamente aquel tan raro expediente en una oficina de Bienes Nacionales, preguntó a Gustavo, que seguía dibujando: "¿Y, que es esto?" Gustavo, sin volverse y señalando a sus muñecos, respondió "¡Psch...! ¡Esta es Ofelia, que va deshojando su corona! Este tío es un sepulturero...Más allá..." En esto, vio Gustavo que todo el mundo se había puesto en pie y que el silencio era general. Volvió lentamente el rostro y ... "¡Aquí tiene usted uno que sobra!" exclamó el director. Gustavo fue despedido ese mismo día".

En 1857 apareció la primera entrega de la "Historia de los templos de España", pero antes de aparecer la cuarta, se anuncian cambios en la dirección y en la propiedad de la obra, que parece corresponder a Francisco Carlos y Jaime Llimona. Becquer, en compañia de Juan de la Puerta Vizcaino, codirectores en los primeros cuadernos, entablan pleito contra los editores, porque "pretendían terminar a su antojo el primer volumen mutilando la monografía de la catedral de Toledo". Cuando en 1861 la justicia viene a dar la razón al escritor, había pasado ya la ocasión, y la obra, que debía tener cinco o seis tomos, estaba muerta tras el primero.

Más éxito tuvo en 1860 cuando colaboró en el periódico El Contemporáneo. Publicó sus "Cartas literarias a una mujer", estrechamente relacionada con el contenido de sus rimas, que es su obra más famosa en la poesía. Las "Leyendas" es su obra más famosa y completa en la prosa.

Se casó con Casta Esteban en 1862, pero se conservan pocos detalles de este matrimonio. Después de la Revolución de septiembre (1868), y separado de Casta, se aloja en casa de su hermano y sus sobrinos, también separado de su mujer. Viven primero en Toledo y luego en Madrid, donde pasa a diriguir La Ilustración de Madrid revista ilustrada de política, ciencias, artes y literatura. Ambos hermanos se defienden con dificultades, dibujando uno para la revista dicha, y el otro escribiendo artículos o traduciendo.

Valeriano murió el 23 de septiembre de 1870. Tres meses después, el 22 de septiembre, moriría Gustavo Adolfo Becquer. Sus amigos costearon la primera edición de sus obras. La segunda edición no se hace hasta 1877. Las necrologías de la prensa mostraron el dolor por la pérdida del escritor.

Las Leyendas

La noche de difuntos me despertó, a no se qué hora, el doblar de las campanas. Su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oi hace poco en Soria. Intenté dormir de nuevo. ¡Imposible! Una vez aguijoneada la imaginación, es un caballo que se desboca, y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como efectivamente lo hice.Yo la oi en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frio de la noche. Sea de ello lo que quiera, ahi va, como el caballo de copas... (El Monte de las Animas)

Lo sobrenatural y maravilloso aparece en todas sus leyendas. Pero es curioso reseñar que su atracción por este género queda reducida solo a un período de cinco años. Los años más fecundos son 1861, 1862 y 1863. En 1858 aparece "El Caudillo de las Manos Rojas", primera de la serie becqueriana. Dejando aparte "La Creación", de cierta intención filosófica, las restantes desarrollan un tema preferentemente religioso o amoroso. Sin embargo, como ocurre con "La ajorca de oro", lo religioso y lo amoroso se superponen. La producción de las leyendas se situa en los años centrales de su colaboración en El Contemporáneo. Posteriormente se ha añadido "La voz del silencio", dada a conocer por Iglesias Figueroa, que se supone de 1862. También hay que tener en cuenta las narraciones de Brujas contenidas en "Desde mi Celda".

En 1862, escribe "La Venta de los Gatos", en 1863 "La cueva de la mora". También ese mismo año "La corza blanca", en la que vuelve de nuevo a recrear el tipo de la mujer demoníaca. Aparte de sus descripciones de lugares y monumentos, de paisajes, tan abundantes en toda su obra, en sus leyendas ocupa un lugar muy destacado la graduada descripción de situaciones terroríficas. Como en todas sus descripciones, logra crear un ambiente adecuado por la cuidada percepción de sonidos y colores, de manera que el cuadro aparece más sugerido que fotografiado.

La locura del protagonista de "La ajorca de oro" en la Catedral toledana; la noche interminable de Beatriz en "El Monte de las Animas" o el horror del protagonista de "El miserere", al contemplar la fantasmal cabalgata de los monjes, son páginas llenas de modernidad.

Lista de las Leyendas

El Caudillo de las Manos Rojas | El beso | La ajorca de oro | La venta de los gatos | El monte de las ánimas | El miserere | Los ojos verdes | Maese Perez, el organista | Rayo de luna | La rosa de pasión | La cruz del diablo | El cristo de la calavera | La corza blanca | Creed en Dios | La promesa | La cueva de la mora | El gnomo

Actualización 14-mayo-2012: la edición de "Leyendas" publicada por Cátedra dentro de su colección "Letras Hispánicas", señala que las leyendas atribuidas a Bécquer tituladas: "Tres fechas", "La creación", "La voz del silencio" y "La fe salva" ya se han demostrado que no fueron escritas por Bécquer.

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Bibliografía y material de consulta:
"Leyendas" de Gustavo Adolfo Becquer. Libro Clásico. Editorial Bruguera, S.A., 1974.
Gustavo Adolfo Bécquer. "Leyendas". Letras Hispánicas. Ediciones Cátedra. 23º edición, 2010.


Creado el 24 noviembre, 2010.